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NO A LAS TALLAS EN COMPETICIÓN

retomar relatos

 

volver a relatos.                  por José Alfonso "sarguero".

De las cientos de anécdotas vividas durante mis cinco años de maestro rural en la Escuela de Bolonia (Tarifa), rescato una que recuerdo con especial cariño. 

Aquella mañana de lunes, sobre las ocho y media, hacía mi entrada en Bolonia conduciendo mi viejo Ibiza del que tanto trabajo costó desprenderme. Era una mañana fría de Febrero y las primeras luces auguraban una bonita mañana, sin más me dirigí hacia la escuelita para ir organizando la faena del día, pero nada más llegar a las inmediaciones de la escuela, una comitiva de niños me hacen señas y literalmente se echan encima de mi coche, asustado frené en seco y bajé del coche pensando que había ocurrido algo grave a los alumnos que llegaban en la furgoneta con el primer turno de transporte.

    - Alfonso, Alfonso corre, corre.., ¡hay un pescao mu grande en la orilla de la playa!.
   
    - ¿Un “pescao mu grande”?, ¿pero chiquillo qué me estás contando?
 
    - Que sí, que sí ..., asómate y lo verás, ! es más grande que tú ¡

Mis casi dos metros daban fe de que fuese lo que fuese debía ser grande, así que aparco el coche como puedo y que remedio…… a salir corriendo playa abajo a ver al “pescao mu grande”.

Conforme me iba acercando a la orilla vislumbro la silueta de un pez de por lo menos dos metros de longitud coleteando en el rebalaje, por la silueta juraría que es un limón o un palometón enorme, pero, en uno de los coletazos asoma el flanco y le veo la cabeza, el pez en cuestión no es un pez, es un delfín.

Nada más llegar y con un corrillo de niños preguntándome que hacer, no lo dudé, me metí en el rebalaje con el agua y las olas rompiendo contra mí, cogí al delfín en brazos y empapado lo saqué a la orilla. Las caras de los chiquillos al ver a tan bonito animal las sigo recordando como si hubiesen pasado unos minutos.

      - ¿Qué hacemos Alfonso?
 
       - vete a buscar a Curro (mi compañero y maestro residente en Bolonia) y cuéntale           lo del delfín...

Mientras y temblando de frío, empiezo a valorar la situación e intentando recordar qué se puede hacer con un cetáceo varado. En ese momento algo mágico sucedió, miré al delfín y sus ojos parecían llenos de lágrimas, con una mirada más propia de una persona que de un animal, me lanzó un mensaje.

... picha estoy bastante jodio. Tan jodio que no he podido luchar más y las olas me han arrastrado hacia el rebalaje, ... por tu madre échame un cable”

Sé que los animales no hablan, pero os aseguro que ese fue el mensaje que sentí en mi corazón al ver sus ojos e impulsado por las ganas de poder ayudarlo, lo cojo de nuevo entre mis brazos y me dirijo a una pequeña laguna de agua salada que había al fondo de la playa, la idea era mantener húmeda la piel del delfín en espera de que llegase mi compañero y valorar qué poder hacer.

Una vez metido en la laguna con fango hasta mitad de la pierna, mi pantalón levis blanco hecho un cromo y temblando de frío, inicio la operación de humedecer la piel del delfín y empiezan a llegar los demás alumnos de la Escuela, mis compañeros y un grupo de vecinos.

          - ¿Qué haces Alfonso, qué ha pasado? Me dice mi compañero Curro.

         - Aquí me tienes con un delfín que se ha quedado varado y está aún vivo, no               le veo herida por ningún lado y aparentemente está bien.

          - voy a llamar a un veterinario amigo mío. Quédate con él, que ahora vengo.

No hace falta deciros que por aquel momento media aldea de Bolonia estaba en la playa y que por supuesto, los alumnos empezaban a colaborar en mantener húmedo al delfín.

A esto llegó la patrulla de la Guardia Civil, a los cuales informé de la situación, decidiendo estos que lo mejor era trasladar al delfín al puerto de Tarifa y soltarlo allí o en altamar con ayuda de un barco pesquero.

La idea no caló bien entre los chicos, sobre todo porque al intentar manipularlo y meterlo en una especie de bañera de plástico, el animal empezó a coletear y se arañó la cola. Y digo que no caló bien porque en el verano anterior también varó un delfín y murió mientras era trasladado en el coche de la Guardia Civil hacia el muelle de Tarifa.

Al parecer uno de los Guardias Civiles no era especialmente diestro en las labores de manipulación del animal y a pesar de las advertencias intentó a las bravas meterlo en la trasera de la furgoneta, golpeándose la cabeza el animal y quedando medio aturdido.

Los niños recordaban lo sucedido y también al guardia civil, así que empezó una discusión sobre qué hacer con el delfín, momento en que llegó Curro con la noticia de que un veterinario estaba de camino y que el delfín no se moviera de allí.

Tras un par de horas de espera y con los continuos cuidados de los chiquillos, llegó el veterinario desde Bárbate, valoró el estado del animal midiéndole la temperatura en la aleta dorsal (cosa bastante curiosa) y comprobando que respiraba con cierta dificultad por la narina, el orificio que tienen los cetáceos encima de la cabeza para respirar. El animal padecía de un virus que ya se había cobrado al menos otros doce delfines en el litoral gaditano afectados del mismo mal.

La cosa no pintaba bien para el delfín, así que nuestro veterinario se puso en contacto con el CREMA (Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas) con sede en el Aula del Mar de Málaga, quienes aconsejaron seguir humedeciendo la piel del animal y procurar no estresarlo.

Mientras llegaban los veterinarios malagueños, Tanee una alumna de origen alemán empezó a hablar con el delfín y acariciarlo con tanta dulzura que más de una lágrima empezó a brotar entre maestros y vecinos. La chica, como muchos otros niños, no se despegó del delfín y os aseguro que éste agradecía con la mirada los mimos y las caricias de la pequeña Tanee. Tras tres horas de espera llegó a Bolonia la furgoneta de los biólogos marinos que de inmediato comenzaron a prestar sus cuidados al delfín, envolviendo su piel en vaselina y preparando una camilla especialmente diseñada para el traslado de los delfines.

Llegado el momento de la partida del delfín Tanee no se quería desprender del animal, no había manera de convencerla, así que decidimos un par de maestros acompañarla en nuestro coche tras la furgoneta.

¿Pero, ... quién iba a dejar sola a Tanee y al delfín?. De inmediato los vecinos se organizaron y una comitiva de Land rovers y turismos, unos diez, se pone tras la furgoneta para acompañarlos hasta Málaga, parecía increíble que de una aldea de 400 habitantes, unas cuarenta personas decidieran de inmediato acompañar a un delfín.

El paseo hasta Málaga fue muy agradable para nuestro delfín, pues Tanee se convirtió en su enfermera y compañera, según nos contaron los veterinarios estuvo todo el viaje llorando y hablando con él, intentando convencerle de que debía ponerse bueno, que lo estábamos ayudando, que volvería a nadar libre.

Cuando llegamos al aula del mar, soltaron al delfín en un tanque de observación y le inyectaron algunos antibióticos para combatir el virus que padecía, las expectativas no eran nada buenas, pues ya habían tratado a más de un delfín en las mismas o mejores condiciones y sin embargo habían muerto.

Nos despedimos de los veterinarios con la impresión de haber hecho algo grande y con el recuerdo del delfín en la piscina del aula del mar mirándonos y dándonos las gracias, fue un retorno algo triste y pleno de emociones, con Tanee y más de un alumno llorando y preguntando si se salvaría.                          

Afortunadamente esta historia acabó bien, PACO el delfín, bautizado así en honor al niño que lo encontró, consiguió recuperarse plenamente y a la semana siguiente fue liberado en aguas de Tarifa.

La noticia aparecía en la prensa de toda Andalucía y en Antena 3 hicieron un pequeño reportaje sobre todo un acontecimiento, la recuperación y puesta en libertad del primer Delfín Común que se conseguía salvar en España. En palabras de los veterinarios entrevistados, las atenciones y cuidados que los alumnos de una pequeña aldea de Tarifa, Bolonia, habían prestado al animal, influyeron decisivamente en la salvación del delfín.

 ... Bolonia, un mundo mágico en el que tuve el privilegio de pasar mis mejores años de maestro. retomar relatos


 

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