


La Marpisa sanguinea, o gusana de sangre, es un cebo esplendido (tengamos en cuenta que es autóctono de nuestra tierra y desde ella se exporta desde hace mas de 40 años a gran parte de la península); esto nos explica porque es relativamente apreciado por pescadores de otras lugares al ser este un producto muy perecedero y de difícil conservación. Pero si tenemos la suerte de conseguir este animal fresco tendremos en las manos uno de los manjares mas apetecidos por los peces. De tono rojizo y con la curiosa costumbre de enredarse en si misma (de ahí su nombre de rosca), tiene tal vez en sus 7-10 centímetros de media la mayor cantidad de jugos de tono rojizo que se puede encontrar en un gusano de pesca. Estos líquidos que se irán diluyendo paulatinamente en el agua son los responsables de su eficacia, constituyendo un atrayente optimo para todos los peces al alcance de nuestras líneas.  Su recolección manual en los caños y estuarios de la zona. nos aseguran un animal mimosamente recogido y de esplendidas características. Su precio elevado se explica en la cada vez mayor escasez de este animal, muy sensible a la contaminación de origen humano. Para su colocación en nuestros anzuelos utilizaremos una aguja muy fina en la que iremos introduciendo la gusana con sumo cuidado de no producirle desgarros laterales, ya que perderíamos gran parte de los líquidos que contiene el animal, una vez colocado en la varilla con cuidado iremos pasando el cebo en el anzuelo, debiendo este tener un nudo bien realizado que no impida el paso por el mismo. Todas las especies de la zona lo tienen en su menú, sargos, róbalos, doradas, salmonetes, y casi cualquier especie (incluso las mas insospechadas como piques (pequeños cazones), morenas o congrios dan buena cuenta de este fantástico cebo.

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