

Ubicar las distancias,
las zonas de mayor interés.
Ahora que sabemos distinguir las zonas
profundas de aquellas que no lo son tanto, podremos empezar a ubicar los
puestos de pesca atendiendo a la fisonomía de la zona.

Evidentemente no es igual hacer frente a
una playa limpia que a una zona mixta, la forma en que el medio actúa sobre
las zonas así como los obstáculos naturales que incorporan, proporcionan
zonas de mayor concentración de alimentos de manera distinta según su
configuración, paseemos juntos por cuatro de los paisajes mas frecuentes.
Playas en limpio.
Tal vez la mas común y expuesta a fracasos
de los perfiles de nuestras playas, aquí nos encontramos con el verdadero
hadicap del mas allá de las olas en toda su plenitud.

Estas zonas son barridas en el atlántico
por las mareas en longitudes comprendidas entre los 100 y 170 metros y están
expuestas a la acción de la resaca en un sector similar durante la marea
alta.
Los mejores resultados los encontraremos
habitualmente sobrepasando esa barrera en busca de especies que recorren la
zona intermareal en la búsqueda continua de su alimento y que la marea se
encarga de desenterrar; asimismo, especies predadoras como róbalos, chovas y
bailas la recorrerán gustosas entre las olas que se generan durante el
transito de pleamares y bajamares tras los cardúmenes de peces que se
congregan.
Playas en punta.
Estas zonas producidas por acumulación de
cáscaras, cantos o arenas de mayor densidad nos permiten adentrarnos mas en
la mar aun cuando zonas cercanas se encuentren aun inundadas, las ventajas
son evidentes ya que con lances de menores distancias alcanzaremos las
preciadas zonas de pesca.

Como vemos el hecho de la natural
plataforma que la costa nos proporciona permite un mejor acercamiento a
zonas de captura de otra manera mas lejanas. 

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